
El aroma del café por sí sólo es monumental.
Disfrutar una buena (grande, pequeña, mediana) taza de café nos lleva a un estado de felicidad inmediato.
Y sobre el café y sus múltiples variedades debe de haber tantas experiencias y relatos como seres humanos en el planeta.
Pero un punto en el cual pocas veces reparamos. Es en el recipiente en el cual lo bebemos. Cuestión de modernidad me supongo. Pero el mismo hecho en el vino y en la cerveza es diferente. En esos mercados las copas y los recipientes para beber cerveza o vino llegan a otro extremo de la degustación.